Isaac Felipe Azofeifa Bolaños
Discurso de ingreso

 

ENSAYO SOBRE LA PALABRA

(en seis discursos líricos)

 

 

I. QUE VENGA LA PALABRA

 

Que venga la palabra y esté presente el hombre.

Que venga la palabra, parto a gritos, a duros silencios,

a descansos de sangre,

o lanzada como piedra en la honda enemiga,

o revuelta en las cartas, los avisos, los carteles, los papeles,

o bebida en el vaso salobre de los torturados.

 

Que venga la palabra

y se mueva tranquila o se empine o se pose o empuje o espere

sin sollozo ni lágrima, compacta su filosa herramienta,

o bien, olorosa a flor o a fruta, sabrosa a jarro de miel o de leche,

o aleteante de grandes alas,

o palpitante vena rota,

o como llama insolente en el libro, en el canto, en la brecha,

y asimismo en la victoria final de los injustamente derrotados.

 

Venga a nosotros la palabra.

Mortales somos, cierto, pero la palabra es inmortal,

o bien, si ha de morir será en la sílaba del último,

del que cierre la puerta final

para descender al absoluto silencio donde la muerte de todo

carece ya de sentido,

pues no la pronuncia ningún hombre.

 

 

II. EL HOMBRE ES EL GRAN NOMBRADOR DEL MUNDO

 

Vocablo a vocablo voy construyendo el mundo, ordeno el caos.

Soy el mismo niño de veinte mil años

que salió aquella primera mañana

a cazar palabras. Y eran los nombres de las cosas.

 

Intento en vano ponerle muros

y construirle vías claras y distintas

al torbellino creador de la vida

con la cal y la arena de mi razón obrera

y termino como los niños y los poetas

construyendo con nombres--palabras, palabras y palabras--mi casa

a mi medida, mi propio universo,

que se expande libre sobre el océano de las cosas

como un sueño dentro de otro sueño.

 

Debo explicar que el hombre que soy razona el mundo

porque uno es vida que se encontró a sí misma

cuando alzanzó a percibir que era parte de un universo

incomprensible,

en que lo único claro y distinto

es que todo hace--todos hacemos--el mismo camino hacia la muerte,

que tampoco existe.

 

Vocablo a vocablo voy construyendo el mundo, ordeno el caos.

Cada hombre descubre al hombre en sí mismo jugando

el juego de su existencia

mientras ordena el mundo suyo,

y esto es así: el alma virgen

mano y pie y ojos y oídos y boca y piel de niño,

extensa como cielo y aire y tierra y mar y todos juntos,